sábado, 24 de noviembre de 2007

Renovar el pasaporte: misión cumplida


Una de las primeras cosas que quise hacer, para empezar a planear tranquila el viaje, fue renovar el pasaporte argentino. Confieso que fui a la sede de la Policía Federal con cierto temor porque surgiera algo, no sé, alguna cosa que me impidiera terminar el trámite con éxito: hacer un trámite en la Argentina, y más cuando el sector público está involucrado, es comparable a pasar un examen. Por eso cuando uno lo termina con éxito, siente un gran alivio y una sensación de haber cumplido un objetivo.

Llegué a las 7:45 a la sede de la Policia Federal en Azopardo 620. La cola ya daba vuelta a la manzana, así que empecé a hacerla sobre Ing. Huergo. A las 8 en punto la cola empezó a avanzar sin parar, así que en cuestión de minutos ya estaba dentro del edificio. Una vez ahí, pasás por un escritorio donde hay varias mujeres sentadas con guardapolvo celeste. Me preguntaron qué trámite iba a hacer. Te piden el DNI y el pasaporte anterior, lo chequean, te dicen que necesitás fotocopia del DNI y del pasaporte, te entregan una planilla con un número (a mí me tocó el 85) y te dicen que la completes. El formulario que se baja de Internet no me sirvió porque tenía que estar impreso en hoja oficio. Es preferible completar ese mismo que te entregan, para evitar inconvenientes innecesarios.

De ahí me senté a esperar que llegue mi número, lo que sucedió al cabo de 1 hora y 50 minutos, es decir que 9:50 llegó el 85. En la ventanilla que me tocaba, entregué la planilla completa, el DNI, el pasaporte anterior, la fotocopia de DNI y pasaporte, y chequearon todo. De ahí me mandaron a una pequeña cola en la caja, para pagar los $147 que corresponden a trámite de cédula y pasaporte.

Después de eso fui a la parte del edificio donde te sacan la foto y, oh sorpresa, no habia nadie esprando, así que entré, cabeza derecha, mirá la marquita de la pared, no te muevs, click, listo.

Por último, huella digital, lavado de manos, recomiendan pimero sacar la tinta con papel y jabón, sin agua, y después enjuagar con ella.

De verdad no me esperaba salir de ahí a las 10:30 de la mañana. Lo que se llama, un verdadero milagro.

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